Antonio Iglesias Montouto

“La Poética de los Objetos”

“//LA POÉTICA DE LOS OBJETOS.
ENTREVISTA A ANTONIO IGLESIAS MONTOUTO//
POR: RAUL MENA PALACÍN
UNIVERSIDAD POMPEU FABRA

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Antonio Iglesias Montouto se formó como bailarín en el Institut del Teatre de Barcelona y trabajó profesionalmente en prestigiosas compañías como el Ballet Contemporáneo de Barcelona. Actualmente trabaja como escaparatista en una de las tiendas de decoración más conocidas de la ciudad de Barcelona y sus trabajos, auténticas mises en scène, han sido galardonados con numerosos premios y son objeto de estudio en prestigiosas publicaciones nacionales e internacionales. La imagen de Barcelona y la construcción de una subjetividad propia de la ciudad no se entienden sin la comprensión de todo un lenguaje poético que traspasa la trasparencia de sus vitrinas estableciendo una íntima comunicación con quienes visitan sus escaparates.

RAÚL MENA: Ya que tenemos que empezar por algún punto, ¿qué le parece si empezamos por el final? Hace algunos meses presentó en uno de los escaparates la performance «Paisaje Interior».

ANTONIO IGLESIAS MONTOUTO: Hace veinte años ya que yo había dejado la danza. Ése es el lenguaje en el que me formé. Había trabajado en compañías de danza contemporánea en las que los ejercicios de improvisación formaban nuestra experiencia más próxima. Quería volver a recuperar ese universo y verme a mí mismo dentro del escaparate, siendo yo el objeto mostrado, desafiándome en una nueva propuesta. Lo titulé “Paisaje Interior 2” porque de alguna manera era la continuación de una pieza que había presentado hace muchos años y que titulé de la misma forma. Buscaba un estado de desnudez completa a través de acciones banales y cotidianas. La bañera era el objeto que ocupaba el centro de la escena y a través de ella quería expresar cómo nuestra monotonía cotidiana nos desvela nuestra naturaleza más íntima.

RM: En esta performance había una gran protagonista que era la patata…

AIM: La patata siempre estaba presente en los guisos de mi madre. En la España de mi infancia los platos que comíamos en casa estaban siempre llenos de patatas con un pequeño trozo de carne o de pollo. Mi madre se pasaba horas pelando patatas mientras nosotros jugábamos con las virutas que caían al suelo. De las patatas viejas que mi madre desechaba hacíamos pequeños monigotes con palillos. Yo vivía aquello como una auténtica ceremonia mística teniendo a mi madre como la gran sacerdotisa.

RM: Su presentación de alguna forma mostraba un estado de crudeza de las cosas.

AIM: Sí, ése era uno de los mensajes que quería transmitir. Por eso decidí comerme una patata cruda. Cuando era pequeño íbamos a una masía de unos amigos de mis padres. Allí nos regalaban bolsas de habas o de guisantes y no llegaban ni a la cocina. Devorábamos los granos. No teníamos casi juguetes y el desgranado de la naturaleza formaba parte de mis diversiones con mis hermanos.

RM: ¿Cree que el éxito de sus trabajos está precisamente en la presencia de todo un universo íntimo que consigue llegar al espectador?

AIM: Yo me abrigo mucho de mis recuerdos, son mi protección de la intemperie. Mis escaparates están repletos de referencias a mi infancia. De ahí saco mi material más sensible. Siempre he intentado vivir la vida de los demás, me es muy difícil pensar en mí mismo, así que esa intimidad que se muestra en mis escenificaciones tiene que ver con todo lo que es exterior a mí. Me he pasado la vida observando, siendo un voyeur de la vida. Un escaparate es sobre todo un estado de exterioridad, es en ese espacio de intimidad exterior desde donde intento hablar.

RM: ¿Cómo entiende usted esa extraña frontera del vidrio entre sus propuestas y los espectadores?

AIM: Nunca quiero que el vidrio sea una frontera. El hall donde están los escaparates de la tienda hace sentir a la gente que sigue en la calle. Busco que mis propuestas dialoguen directamente con la calle, que estén abiertamente expuestas a la ciudad. Busco la exterioridad e intento que el vidrio desparezca de la visibilidad de mis escaparates. Hay todo un lenguaje que pienso también a través de los reflejos y de la superposición de lo que entra dentro del escaparate y que no había sido pensado previamente: la imagen de un objeto del escaparate de enfrente o la luz que inunda la escenificación.

RM: Para pagarse los estudios de danza trabajaba en un pequeño taller de decoración. Así que ambos lenguajes convivían juntos. ¿Qué tienen de coreográficos sus escaparates?

AIM: Aunque sea a través del inconsciente hay algo que siempre pasa por un pequeño evento coreográfico. Cuando dispongo los objetos en los escaparates me guío por pautas 36de movimiento que aprendí en la danza. Recuerdo un escaparate sobre las listas de bodas en las que una mano le lanzaba a otra unos platos. Quería expresar que el matrimonio también es conflicto a través del movimiento sugerido de unos platos sobre el vacío.

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RM: Siguiendo con esa misma línea del universo íntimo exterior y también la de su formación como bailarín… Muchos de los objetos que usted muestra en sus escaparates eran propiedad de una persona muy importante en su vida…

AIM: Sí, fue uno de mis profesores de danza y después se convirtió en un compañero de vida. Juntos redescubríamos cada día la ciudad. Fue una relación construida desde la fantasía a través de los personajes con los que nos habíamos cruzado durante el día. Se llamaba Gilberto Ruiz Lang y trajo todo un lenguaje nuevo a la danza en Cataluña. Conseguía sacar de nosotros a nuestros demonios para que pudiéramos convivir amistosamente con ellos. Le dediqué un escaparate que fue muy importante y reconocido en mi trayectoria. Cuando murió guardaba muchos de los calcetines con los que daba sus clases de danza contemporánea. Los giré, les di varias vueltas y creé toda una coreografía con todos ellos. Era un homenaje a sus pies. Habían llegado a la tienda unas figuras de Carmen Amaya y las hice bailar junto a los calcetines. Eran dos ausencias que se convertían ahora en dos presencias que dialogaban sobre la danza.

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RM: Hay otros lenguajes que se vislumbran en sus composiciones…

AIM: Sí, el cine y la pintura son dos referencias muy importantes en mi trabajo. Intento que mis propuestas nazcan a partir de un guión cinematográfico. Intento dejarme invadir por estos dos lenguajes y por sus maneras de explicar el mundo. Pero el semáforo, la portada de un diario, el cartel de una obra de teatro son también referencias muy presentes en mi trabajo.

RM: ¿De qué manera sus escaparates están conectados con la actualidad informativa?

AIM: Están siempre conectados con un tipo de pulso vital. Pero no quiero nunca ser explícito al respecto. Prefiero el erotismo a la pornografía. Lo político está presente en mis obras solamente en la voluntad de vender un producto. Todas las otras referencias a la actualidad son muy sutiles. Me acuerdo de un escaparate dedicado a la guerra de Irak o al desastre ecológico producido por el petrolero Prestige en las costas gallegas. Una noticia que me conmocionó mucho fue el asesinato de unos niños en una escuela rusa con la explosión de una bomba. Llené el escaparate con puntas de hierro clavadas en la pared que simulaban la metralla y el suelo estaba lleno de lápices y zapatos de niños.

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RM: ¿Qué es para usted un escaparate?

AIM: Es un breve instante de comunicación. Es un arte efímero que busca chillar en la ciudad para reclamar la atención. Tiene un tiempo muy corto de existencia. Su tono es el grito. Yo trabajo con el grito pero intento que actúe de catalizador hacia una contemplación más sosegada de mis propuestas. Recuerdo que con motivo de la celebración del cincuentenario de la muerte de Albert Camus, hice un escaparate con unos párrafos de su novela “La peste”. Cuando lo terminé pensé que no interesaría. Pero la gente se paraba ante el escaparate, leía cuidadosamente el texto y se quedaba pensando. Funcionó, pudimos crear un pequeño espacio de reflexión íntima en el ciudadano a través de la palabra del gran escritor.

RM: Muchos de los visitantes de la tienda donde usted trabaja sólo van a ver sus escaparates. ¿Qué tienen sus propuestas que las diferencian de todo lo que se hace en el resto de la ciudad?

AIM: Yo intento trabajar como un artesano. No me considero escaparatista sino un artesano de los objetos. No pienso los escaparates desde un estudio de diseño y los mando hacer sino que busco mis propios materiales, dialogo durante tiempo con las formas de los objetos, juego con ellos, pinto los espacios, coloco cada uno de los clavos, coso las telas con cada uno de los alfileres…no sé…es así como entiendo mi trabajo. No comparto esa actitud del estilista que actúa desde la distancia. No hago escaparates de grandes presupuestos, trabajo con materiales cotidianos, cercanos, pobres… Hay veces que decido abrir las cortinas del escaparate mientras trabajo para que los espectadores compartan el proceso de creación de mis escenificaciones. De alguna manera intento mostrar toda la estructura de la ballena que es ausencia en su canto.

RM: ¿Qué particular convivencia establece usted con los objetos?

AIM: Detrás de cada objeto hay toda una historia íntima. Intento construir toda una poética a través de ellos. Recuerdo la historia con unas sillas. Un día fui a los Encantes y las vi. Cuando fui a comprar ya las habían vendido. Me llevé una gran decepción porque eran maravillosas, parecían hechas por un chatarrero. A la semana fui invitado a una fiesta de un amigo y las sillas estaban allí. Las había comprado Gilberto Ruiz Lang, el profesor de danza del que hablábamos antes. No habíamos hablado nunca de esas sillas y allí estaban. Cuando él murió yo las heredé. Entiendo que yo no sólo puedo explicarme a través de las relaciones con las personas que han formado parte de mi vida sino que mis historias con los objetos son tan importantes como las otras.

RM: ¿Tiene objetos fetiche?

AIM: Sí, siempre los he tenido. Pero han ido cambiando a lo largo de mi vida. La cuchara fue uno de los objetos que más presentes estaban en mis primeras propuestas. Las formas redondas siempre me ayudan a construir composiciones orgánicas. Las llaves antiguas son otro de mis objetos preferidos. Los objetos en los que introducimos líquidos son también muy inspiradores para mí: tazas, soperas, teteras… Tienen toda una dimensión fantástica en las que podríamos cocinar el elixir de la juventud. Las lámparas están también muy presentes, la luz, los sonámbulos de la noche que se pasan horas leyendo.

RM: Duchamp…

AIM: Duchamp está muy presente en mi obra. Intento descontextualizar los objetos, sacarlos de su particular existencia en el mundo y construir toda una poética. Brossa también está muy presente en mis trabajos. Intento conectar objetos imposibles a través de la ironía, como en un juego dadá….

RM: ¿Cuáles son las coordenadas que configuran su espacio de trabajo?

AIM: El color, el ritmo, la repetición, el azar, lo efímero…esas quizás sean las principales coordenadas sobre las que trabajo. El objeto es mi canal de comunicación, a través de él me comunico.

RM: ¿Cuál es la época del año que más detesta y la que prefiere para sus propuestas escénicas?

AIM: No me gusta nada el verano porque supone un estado de felicidad colectiva que es poco productiva para mí. Hay un género muy específico y escaso con el que poder trabajar. Después están esas pequeñas celebraciones dedicadas exclusivamente para el comercio: San Valentín. ¡Qué horror! Mi época preferida es el invierno porque tiene toda una poética del abrigo que nos protege.

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RM: Permítame que le pregunte por dos categorías estéticas: ¿qué papel juega la belleza en sus escaparates?

AIM: No busco la belleza. Mis propuestas escénicas son como hijos de los que acepto sus defectos. Busco la pobreza, el defecto, el desequilibrio, lo imperfecto…

RM: ¿Y respecto a lo siniestro?

AIM: Está muy presente. La vida está habitada por lo siniestro. Yo estoy impregnado de lo siniestro. Me gustan los escaparates de invierno, ese abrigo lo llevo siempre.

RM: ¿Qué escaparate le queda por hacer?

AIM: Me queda por hacer el escaparate. El escaparate que tiene sonido, movimiento, ritmo, el que reside en lo más profundo de mi imaginación, el más inocente, el escaparate de la incoherencia, el que reúna en mí la posibilidad de expresar todas las artes.

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Los trabajos de Antonio Iglesias Montuoto pueden ser visitados en Paseo de Gracia 96, en el edificio donde vivió el pintor Ramon Casas.”

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Entrevista tomada de: http://www.upf.edu/forma/_pdf/vol02/forma_vol02_05menaraul.pdf

REVISTA FORMA VOL 02
ISSN 2013-7761 TARDOR ‘10

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